Método del barón Ignaz von Börn

A raíz de las conocidas “reformas borbónicas” hechas con el propósito de mejorar los rendimientos en las minas en las colonias americanas, la técnica conocida como el Beneficio de Börn (1785), era un método de extracción de origen alemán, que los expertos alemanes intentaban introducir en las minas argentíferas mexivanas y peruanas.

El nuevo procedimiento prometía ventajas significativas sobre el método tradicional de amalgamación, conocido también como método de patio, ya que permitía una considerable disminución de tiempo y un ahorro importante en la utilización del mercurio, lo cual ya implicaba unas mayores ganancias. El método tradicional tardaba de cinco a ocho semanas, que podían variar según las condiciones de humedad y temperatura ambientales, mientras que por el sistema de Börn se demoraba entre dos horas y media a cuatro horas para la amalgamación, reduciendo los costos y permitiendo mayor recuperación de azogue. Pero el método nuevo en realidad era una variante mejorada del método de cazo y cocimiento, inventado más de 150 años antes por Álvaro Alonso Barba y que se practicaba exitosamente en el Perú. Con la nueva técnica y un poco más de precisión el nuevo método permitía beneficiar incluso menas de baja ley.

El procedimiento expuesto por Börn era el siguiente:

Si bien la simpleza del método y sus muchas ventajas eran evidentes, los expertos alemanes no obtuvieron ningún resultado positivo en las minas mexicanas, por algunas dificultades que trastornaron la operación de su implementación; la carencia de combustible suficiente para llevar a cabo esta primera fase del proyecto, que llevaba a la calcinación de los minerales pulverizados y la falta de fuerza motriz efectiva y permanente que diera lugar al movimiento constante de todos los toneles necesarios para las grandes cantidades de mineral que se sacaba de la superficie, impidieron los resultados anhelados.

Humbolt, defensor acérrimo de los logros de los técnicos alemanes, afirmó que el método Börn era adecuado para los volúmenes que se explotaban en las minas de Freiberg en Alemania, pero que resultaban completamente inoperantes en México, por los volúmenes considerablemente más abundantes, lo que impedía contar con los toneles necesarios para procesarlos y la fuerza motriz para moverlos, más la tradicional aversión de los mineros mexicanos a las innovaciones de carácter tecnológico llevaron al fracaso del proyecto.

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