Recuperación de la plata por relaves

Desde hace mucho tiempo ha existido el interés por parte de algunos investigadores, de llegar a un método eficiente, limpio y económicamente factible para realizar la recuperación de la plata partiendo de los relaves, principalmente porque representan una gran importancia económica, a pesar de las dificultades y complejidades que implica en algunos casos el proceso. Si bien algunos de los métodos se han probado industrialmente, la mayoría han sido probados en laboratorio y los más destacados son los siguientes:

Los métodos más destacados a través de la historia han sido, el más común, el de la amalgamación que se usó desde finales del siglo XV. Ya en 1557, el proceso “de patio” se impuso en México, amalgamando la plata formada por reacción de los minerales de plata con sulfato de cobre y con cloruro de sodio. Posteriormente, alrededor de 1861 se introdujo el método de Washoe Pan Amalgamation, que tenía una pequeña variación con el sistema de patio y fue probado por primera vez en Nevada, Estados Unidos, tratando el metal muy finamente molido con vapor, mercurio, cloruro de sodio, sulfato de cobre y ácido sulfúrico. Unos años más adelante, se impuso también en Nevada el sistema Reese Rive Process para minerales más complejos, aplicándoles un “tostado” de clorurante antes de pasarlos al washoe process. Posteriormente y ya en el siglo XX se impuso el método de cianuración, a excepción de los minerales de plata que están formados por grano grueso. Este proceso que ha gozado de una amplia aplicación extrayendo plata partiendo de sus minerales, hace que sea muy fácil disolver la plata metálica ante el oxígeno, mientras el cloruro de plata se disuelve fácil sin oxígeno y el sulfuro de plata necesita gran cantidad de cianuro, por lo que resulta un poco costoso.

El procedimiento por el método de lixiviación, permite hacer una importante recuperación, porque es compatible con las características ácidas del relave piritoso, usando el reactivo NaCl  que es un reactivo abundante, barato y no es tóxico.

El método ha sido analizado en diferentes pruebas de laboratorio, con resultados controlados en todas sus variables, incluyendo el reactivo, así como el tiempo y la velocidad y el tamaño y cantidad de la “pulpa”, llegando a unos referentes mínimos y máximos que deberán probarse industrialmente.

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